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Historias de familia

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Historias de familia
Detalles para: iglesialourdes
Rango: Toxic 
Nivel: 47111 
Fecha: 2017-12-05
Autor: iglesialourdes
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Aunque los padres siguieran hablando de “los chicos”, hace rato que habían dejado de serlo. Ya cada uno había crecido, encontrado su camino, todos trabajaban o tenían alguna changa, y Mariela, la segunda hija, hacía un par de años que se había ido a vivir con el novio. Cada uno andaba en la suya. Era muy raro que se juntaran todos a comer. No porque hubiera problemas entre ellos, pero los horarios no coincidían, los domingos Matías jugaba al futbol, durante la semana Paula se quedaba en casa de una amiga en capital para no viajar tanto… Al principio los padres habían intentado que se juntaran una vez por semana, después se dieron cuenta que terminaba siendo un problema para todos y se fueron acostumbrando a esta nueva etapa. Había que volver a aprender cómo ser padres, ahora de hijos adultos.
Cuando Mariela vino con la noticia de su embarazo no se puede decir que se sorprendieron. Ya todos se imaginaban que podía pasar en cualquier momento. Nadie le preguntaba, pero todos lo esperaban. Pero aunque no se sorprendieron, sí se conmovieron. ¡Un bebé en la familia! Hacía tanto que había pasado la etapa de pañales y mamaderas que ya nadie se acordaba. Empezaron los preparativos: la cuna, la ropa, la casa. Matías se ofreció a dar una mano para pintar el cuarto. Cada vez que Mariela aparecía por la casa, era un show de fotos de la panza. Cuando le dijo a su hermana si quería ser la madrina, pareció que las diferencias que habían tenido durante la adolescencia se borraron de un plumazo. Nunca estuvieron tan juntas como los últimos días del embarazo, la hermana se desvivía por acompañarla en ese momento en que la panza le pesaba demasiado.
Cuando finalmente llegó Facundo, se pueden imaginar… nunca le faltaban brazos para sostenerlo y voluntarios para cuidarlo. Se empezó a ser habitual que los domingos vengan con el bebé a la tarde y hasta Matías se apuraba por volver del futbol para estar con el sobrino. La casa se volvió a llenar de juguetes y andadores. Se volvieron a guardar los adornos que se rompían y a preparase para cuando empezara a caminar y revolucionara todo…
Tal vez parte de esta historia nos suena conocida, tal vez algo de esto se vivió en nuestra familia. Es que la llegada de un bebé muchas veces moviliza, reencuentra, provoca alegría y saca lo mejor de cada uno. Las casas vuelven a llenarse de vida y de esperanza, hay un motivo más para encontrarse y querer estar juntos. Nosotros, como cristianos y como sociedad, estamos por celebrar la Navidad. En ella recordamos un nacimiento ocurrido hace más de dos mil años, pero a la vez lo vivimos como algo que se renueva cada año. De hecho hablamos en presente de un niño que está llegando, que viene y que nace. Cada año celebramos que el misterio del nacimiento se vuelve a hacer realidad entre nosotros.
Creo que esto que pasa en las familias en torno a un bebé, es lo que explica lo que vivimos en los días de las fiestas en la sociedad: todos parecemos un poco más buenos, nos llenamos de buenos deseos y de palabras cariñosas. Pero, ¿cómo hacer para que todo eso no sea cuestión de días y se vuelva superficial y engañoso? ¿Cómo lograr que como familia y sociedad seamos transformados por este nacimiento? ¡Necesitamos tanto que un bebé nos vuelva a reunir, que nos ayude a dejar de lado nuestros enojos y divisiones, y volver a descubrirnos hermanos! “Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado”, nos dice el Profeta Isaías. Dejemos que Él renueve nuestra casa, nuestra sociedad. ¡Feliz Navidad!
P. Willy


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