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Así se baila el tango

Tag`s: libros, textos, baila, tango
Así se baila el tango
Detalles para: iglesialourdes
Rango: Toxic 
Nivel: 47211 
Fecha: 2012-07-31
Autor: iglesialourdes
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Aclaro que no sé bailar tango. Nunca lo aprendí y no sé si tengo las dotes de bailarín. Pero me gusta verlo bailar. Dicen que en el baile los roles están bien definidos: el varón guía y la mujer se deja llevar. Hay un tango que tal vez conozcan: el varón canta “así se baila el tango” y, pensando en la docilidad de la mujer, dice: “a veces me pregunto si no será mi sombra, que siempre me persigue, o un ser sin voluntad”. Hasta tal punto llega la entrega de la mujer, que casi parece ser una continuación, una sombra del cuerpo del varón. No quiero discutir si esto es un resto de machismo (obvio que lo es), sino reflexionar sobre esa actitud de dejarse llevar. Si queremos podemos soñar con que los roles se invierten, pero seguramente siempre alguno tendrá que guiar. Si los dos tratan de conducir, ¿cómo podrían hacer algo armónico? Pero, ¡qué difícil dejar que otro decida!...

A veces imagino que la que nos saca a bailar es la misma vida, y ella nos quiere conducir, guiar, y nos resistimos porque queremos ser nosotros los que decidamos para dónde ir o qué caminos tomar. Qué lindo sería que pudiéramos aprender a bailar con la vida, ser una buena pareja, y por eso, dejarnos guiar por caminos que no conocemos.

Digo esto no solo pensando en los grandes momentos, proyectos o desafíos de nuestra vida. Lo digo pensando también en esos pequeños contratiempos, complicaciones y dificultades que se nos presentan cada día y que nos hacen “bailar” inquietamente. A veces es ese timbre inoportuno que suena en el momento menos pensado, es esa visita que llega cuando teníamos otros planes, es ese amigo que necesita hablar cuando estábamos apurados por llegar a otro lado, es ese tren que no viene y que nos retrasa todo el día y sus horarios… Hay tantas cosas que nos rompen los esquemas que teníamos armados y preparados, tantos episodios que contradicen nuestros planes. Qué lindo sería poder tomarlos con la docilidad del que se deja guiar en el baile. Obviamente esto no quiere decir transformarnos en unos “veletas”, guiados por el viento, sin proyectos propios, ni deseos. Pero se trata de tomarnos las cosas con un poco más de tranquilidad y de paz. Tal vez no es tan trágico que se nos rompan los proyectos, tal vez el baile que se nos propone es más interesante que el que habíamos pensado...

En un pasaje del Evangelio, Jesús recrimina a sus contemporáneos con estas palabras:
“¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: "¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!" Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: "¡Ha perdido la cabeza!". Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores". Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras.” (Mt 11,16-19).
Jesús parece referirse a un juego de la época, donde uno de los niños toca o hace que toca un instrumento y los otros tienen que seguirlo. Tal vez una especie de “Antón Pirulero”. Si los otros no siguen las propuestas del que está guiando, el juego es imposible. Jesús les reprocha a sus vecinos que no se dejan seducir por ninguna de las propuestas: Juan es demasiado duro, Jesús es demasiado libre… no hay invitación de Dios que esta gente quiera oír. Siempre hay una buena excusa para no responder con fidelidad al llamado.

Pero si nos animamos a responder a la invitación a bailar que cotidianamente la vida nos presenta, descubriremos que hay una extraña sabiduría en saber aceptar la realidad dada. No se trata de conformismo, ni de abandonar la lucha antes de comenzar. Es verdad que hay muchas cosas por hacer y mucha realidad para transformar. Pero no podemos empezar peleándonos contra una pared, primero debemos aceptar que está allí, para luego saltarla, rodearla o derribarla.

Dios y la vida están siempre tocando una melodía distinta, ellos nos invitan al baile… ¿estamos dispuestos a dejarnos guiar?

P. Willy


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